ACERCA DE SAMANTHA
El viernes 25 de febrero, después de pelear como una campeona por su vida, murió nuestra querida mascota Samantha.
Los primeros días de febrero y gracias a esta página de víctimas de Dog Chow y a los mail que recibimos de la red, nos enteramos de lo que estaba pasando y procedimos a llevar a Sammy al veterinario, porque ya tenía varios días malita, vomitando todo lo que comía.
Seguimos todas las recomendaciones del veterinario que, al recibir los exámenes de sangre de nuestra pequeñita, confirmó que tenía alterados los indicadores hepáticos.
Mi hija Hilda y yo nos dedicamos, día y noche, a darle a Sammy todos sus remedios, en medio del consentimiento y la atención de la familia, tanto mis dos hijos y yo como los allegados. Recibimos llamadas y mensajes confortantes de personas que leyeron nuestros mensajes en esta página, a los que agradecemos sus atenciones. Y, por supuesto, contamos con la atención y mirada vigilantes y dedicadas de sus veterinarios Reynaldo Pacheco y Marcelo González, así como de Juan Carlos Triviño, amigo, quien, desde Maracaibo, llamaba a diario y nos daba confort y consejos veterinarios.
El 16 de febrero, día de mi cumpleaños, le hicieron de nuevo los exámenes a Sammy. Los resultados arrojaron que, aunque presentaba aún una fuerte congestión hepática, parecía que la crisis había pasado. Lo cual, por supuesto, nos llenó de alegría.
Le indicaron otros medicamentos y seguimos con el tratamiento. Nuestra Samantha estaba mejor, comenzó a comer un poco más, a evacuar, estaba recuperando la fuerza. La llevábamos al veterinario cada dos días y parecía que todo estaba evolucionando bien.
Hasta que, el miércoles 23 de febrero, nuestra pequeña comenzó a presentar, de nuevo, los síntomas de la enfermedad: mucha sed, orina oscura, inapetencia. Además, se puso somnolienta, como apagada y sin fuerzas. El jueves, comenzó a hincharse su barriguita y le dolía cuando la tocábamos. Sin embargo, estaba siempre dispuesta a salir a pasear con cualquiera de nosotros.
El viernes, alarmadas, la llevamos al veterinario para su inyección. Cuando Reynaldo la examinó, constató que estaba ictérica, con sus ojitos y encías amarillas. Y nos dijo que ya no había nada qué hacer.
Mis dos hijos y yo decidimos ponerla a dormir para evitarle morir entre vómitos, convulsiones, ceguera y todos los sufrimientos que muchos han descrito en esta página y que atacan a las mascotas cuando la enfermedad los vence.
Estuvimos con ella hasta el final. Estamos seguros de que le evitamos mayores sufrimientos y de que se fue sabiendo que la amábamos.
¡Nunca me imaginé que la muerte de un animalito pudiera doler tanto! Ni que, una vez desaparecida, nos iba a hacer tanta falta.
Nuestra casa se siente vacía, añoramos el ruido de sus patitas por todo el apartamento, de su cadenita cada vez que se movía, su caluroso recibimiento cada vez que llegábamos, su permanente atención a todo lo que pasaba en casa, me hace falta su compañía en mis diarias caminatas, incansable y siempre entusiasta; extrañamos su presencia...................................
Supongo que poco a poco la herida sanará, pero en este momento estamos sumamente tristes. Y, después de 9 años de amor y convivencia, no habrá manera de que la olvidemos.
Samantha, gracias por esos 9 años que estuviste con nosotros, por las alegrías que nos diste, por acompañarme a caminar y por tu entusiasmo para que saliéramos a hacer ejercicio cuando tuve que hacerlo por razones de salud. Gracias por ser nuestra mascota y por el cariño que le diste a mis hijos.
Gracias a ella aprendimos que nuestros corazones tienen mucha más capacidad para amar, capacidad que no queremos perder y que, quizás algún día, podamos dar a otro animalito.
Sammy, nunca te olvidaremos.
Sonia Ríos Beaumont